el vacío que nos rodeaba entre el gentío.
Nuestra ignorancia ciega,
en las lagunas de la decencia.
Nuestras pieles desconocidas,
en el filo de los rastrojos
de coherencia que me queda, y
mi anhelo helado entre
tus cabellos, como huracán,
atravesando mis pupilas.
Mejor no pensarte a diario.
Mejor olvidarte a pequeñas dosis.
Aunque los delirios sordos, que encadenan mi ganas, te lloran, te atan en el acantilado de la memoria.



2 comentarios:
Cuánto tiempo sin leer nada tuyo, bienvenida de nuevo a este oscuro mundo.
Preciosos versos, me gusta mucho la frase de "mejor olvidarte a pequeñas dosis" así como la sonoridad del segundo párrafo. Gracias por volver, un besazo!
"nuestras pieles desconocidas en el filo de los rastrojos de coherencia que me queda"...
hay algo en tus poesías que me recuerda a algo que un día viví. Cuando olvidé que tenía q intentar olvidarlo empecé a ser feliz otra vez, como si (como tú dices) la eternidad se fuese a acabar y quisiese vivirlo todo.
me gusta tu blog;)
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